Las vacunas de células diploides humanas (WI-38, MRC-5) tienen un origen éticamente objetable, dado que dichas células proceden de abortos provocados. Entre ellas se incluyen vacunas empleadas contra rubéola, sarampión, parotiditis, rabia,…
Buena parte de la vacunas que se distribuyen en el mundo contra las principales enfermedades proceden de investigaciones que comienzan con un aborto provocado. Sin embargo, existen alternativas éticas que no implican la muerte de un ser humano.