¿Para qué nació Esperanza? Esta fue una de las preguntas repetidas ante el doloroso caso de la niña jujeña que conmovió al país.

 
 Pasados algunos días desde la muerte de la bebita, las dudas y la polémica siguen. Primero, el vecino que declara haberle pagado a la madre de la nena para tener sexo con ella. Luego, la hija mayor de esta mujer, hermana de la pequeña madre y tía de Esperanza, cuenta que vivían en un estado de semi abandono por parte de su progenitora, que era maltratada, que ella misma también había quedado embarazada a los 13 años y que nadie lo había advertido hasta que su madrina, a los 6 meses de gestación, lo hizo. Que había pensado en abortar pero finalmente, por lo avanzado del embarazo, había tenido a su bebé. Que tiempo después había denunciado formalmente el maltrato y abuso de su madre. Que finalmente se había ido del hogar materno y hoy era feliz con su bebé viviendo lejos de esa casa.


 A consecuencia del nacimiento y muerte de Esperanza vinimos a conocer toda esta situación familiar de extrema vulnerabilidad, situación por la que en su momento (tras la denuncia de la menor) tomó intervención la Oficina de Protección de Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes de Jujuy. También supimos que dicha oficina se limitó a redactar un informe en el que instaba a la madre de las niñas a iniciar un tratamiento psicológico para "desnaturalizar la violencia", sin activar los protocolos de riesgo en el seno familiar y sin seguir el caso de cerca para que la hermana menor no fuera abandonada a su anunciado destino. Y, entonces, pasó lo que NO tenía que pasar: con apenas 12 años esta chiquita quedó embarazada de su vecino de 60 y (otra vez) nadie lo notó hasta los 6 meses de gestación (esta vez, a falta de madrina, fue un dolor estomacal el que encendió las alertas). Entonces sí, con la confirmación del nuevo embarazo comenzaron a activarse los protocolos, las organizaciones y los estados provinciales y nacionales, presurosos por 'solucionar' el problema y 'proteger' a la niña con la 'interrupción' de esa nueva vida.


 Cuando una niña de esa edad queda embarazada, lo mas probable es que sea producto de violaciones reiteradas y sistemáticas en el seno de su propia familia y/o de su entorno más cercano. Los especialistas lo saben, los médicos lo saben, los fiscales, jueces y abogados de menores lo saben, las feministas lo saben, el lobby pro aborto lo sabe, los pro vida lo saben, los ministros y secretarios de Salud lo saben, los gobernadores y presidentes también. Todos lo saben y, no obstante eso, ofrecen como única 'solución sanitaria' y 'de género' la implementación de protocolos muy cuestionables, que ni siquiera requieren denuncia para acceder a un aborto por embarazo producto de violación.


 ¿Qué hubiera pasado si la madre de Esperanza llegaba al hospital un par de semanas antes, el protocolo ILE se activaba y Esperanza era 'interrumpida'? ¿O si el protocolo se activaba -tal como reclamaban las organizaciones feministas- más allá de la semana 22 de gestación? Además de la beba inocente muerta, hoy tendríamos a una víctima de violación de 12 años nuevamente a la deriva y en riesgo: hubiese regresado a su hogar en total silencio, para que madre, vecino y tal vez más perpetuaran el abuso con total impunidad; porque eso sucede cuando a una víctima de violación se le realiza un aborto sin denuncia de por medio: el violador sigue libre e impune para seguir abusando de ella y/o de otras.


  Hoy, finalmente, sabemos por qué y para qué nació Esperanza: con 25 semanas de gestación, 700grs de peso y producto del abandono, el abuso y la violencia, Esperanza -dada a luz- sacó a la luz el horror de tantas nenas como su madre en tantos rincones de nuestro país; desenmascaró que los protocolos de ILE vigentes son funcionales a violadores y abusadores, a madres y familiares cómplices, a estados irresponsables e ineficientes que no velan por los derechos de los niños y a organizaciones de dudosa vocación por la verdadera defensa de las mujeres; puso dramáticamente en evidencia que estos protocolos deben ser revisados y corregidos con urgencia y que nadie, hasta su nacimiento, había podido darle una esperanza de salvación a esa otra niña inocente, su propia madre.                                                                                  
 

 

 

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Licenciada en Periodismo y Comunicación Social por USAL.
De Bs As, Argentina.

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