“Para comprender esta preocupación, que está en el centro mismo de nuestra continuidad como sociedad, tal vez ayude una metáfora sobre el ciclo vital del hombre como especie. La gestación biológica del ser humano se realiza en el útero materno, en nueve meses, pero cuando sale al mundo externo todavía es totalmente incapaz de desempeñarse en él. El hombre, en realidad, nace prematuro. Necesita una segunda etapa de gestación en el segundo útero, los brazos de la madre y del padre que es la familia, para completar su desarrollo como persona. En él recibe amor y ley. Sin amor, no crece ni siente. Sin ley, no sabe reconocer al prójimo y vivir en sociedad, no puede ser ciudadano. Esta segunda gestación, hasta que el hijo es parido a la sociedad en su condición de hombre completo y no de proyecto, dura más o menos veinte años. ¿No será precisamente ése el punto de intersección entre sexo y amor, entre gratificación y consecuencias, entre derechos humanos y deberes humanos? Esta segunda gestación puede sufrir también vicisitudes similares a la biológica. El útero familiar debe estar preparado para que anide el embrión, lo que significa esperar a ese hijo y tener un proyecto para él; también, estar integrado por una pareja de padres, con algún pacto de permanencia y no de transitoriedad. Léase matrimonio. En la realidad, hacemos muy poco por cuidar y preservar este órgano noble -el útero familiar- y su trascendente función. Seguimos haciendo, livianamente, "histerectomías". Entonces, hay gestaciones patológicas, adulteces prematuras, familias expulsivas, abandónicas, negligentes, por ser estructuralmente incompletas, insuficientes o carecientes. Familias abortivas que no llegan a cumplir la gestación, durante el tiempo necesario. Si se me permite seguir abusando de la metáfora: ¿no sería importante que nos pusiéramos críticos también con la responsabilidad por el aborto de esta segunda gestación? En él no estamos matando a la persona, como en el biológico, pero sí frustrando su desarrollo social y negando su dignidad y su derecho a la convivencia, creando un ser marginal. Y eso no es poco. Los argentinos lo estamos sufriendo en carne propia. Vuelvo al tema de la responsabilidad, y me pregunto: ¿cómo estamos poblando el mundo en estos últimos años? De los niños que nacen, ¿cuántos pueden esperar una segunda gestación en un útero familiar mínimamente estable, porque al ser deseados y esperados encajan en un proyecto?..., La humanidad va progresivamente hacia un grave problema de población, más de tipo cualitativo que cuantitativo. En pocos años, en los países del primer mundo habrá más viejos que niños, porque quienes podrían gestar hijos, criarlos y educarlos han suprimido o reducido la natalidad a su mínima expresión. Mientras, en los países subdesarrollados, empobrecidos económica y culturalmente, la natalidad está dividida: aumenta, por una parte, en proporciones alarmantes la gestación biológica, mientras cada vez es más corta, más incompleta, o directamente ausente, la gestación de la familia. Así, el mundo pronto estará poblado por una mayoría de seres humanos gestados biológicamente, pero abortados en su potencialidad de personas, por ausencia de un proceso suficiente de hominización. Una regresión de la humanidad, donde aumentarán terriblemente las diferencias. ¿No será más importante discutir el fin, que es la responsabilidad al procrear que tenemos como personas? ¿No tendríamos que empezar a sentirnos más responsables por engendrar la vida y seguirla gestando en el “útero familiar sano?” .

 

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Stone, L.J. y Church, J. “Niñez y Adolescencia” Ed. Horme, 11° Ed., año 1989.

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