Encuesta identifica cinco experiencias habituales en quienes dijeron sí al aborto
El portal web FemCatholic acaba de publicar los resultados de una encuesta realizada a mujeres que han abortado. El objetivo, señalan, ha sido: “escuchar a las mujeres y aprender de ellas cómo podemos apoyarlas mejor cuando se enfrentan a embarazos inesperados o difíciles”.
 
Algunas mujeres hablaron de sus propios abortos, otras compartieron su experiencia como testigos del aborto realizado por alguien muy cercana a ellas. En este último grupo también dos hombres colaboraron.

Experiencias habituales -condicionantes/facilitadores- en quienes abortaron 
 
1.     Nadie le aconsejó que era posible tener el bebé, ni mostró confianza en su capacidad de ser madre.
Varias mujeres detallaron experiencias que mostraban cuán complejo les resultaba encontrar recursos para desarrollarse en la vida como madres jóvenes y solteras. "Ni una sola persona a mi alrededor me dijo que estaría bien tener el bebé. Nadie mostró confianza en mí", escribe una de esas mujeres quien terminó abortando convencida, dice, de las mentiras que la cultura dominante promueve respecto a que “el aborto era la decisión más responsable que podía tomar una mujer joven en la universidad".
 
2.     Algunas no estaban informadas sobre los diversos servicios de ayuda a mujeres con embarazos inesperados, difíciles o en situación de vulnerabilidad.
"¿Cómo puedo terminar mi carrera y ser madre? ¿Dónde puedo vivir? ¿Puedo continuar en la residencia de estudiantes? ¿Hay otras madres por ahí con carreras prósperas que comenzaron con un embarazo no planeado como mujer soltera?”, fueron interrogantes reiteradas. Una de esas encuestadas narró que después de haber tenido un aborto, descubrió que había una vivienda especial y ayuda financiera en su universidad para estudiantes "no convencionales" y que podría haber completado su título de una manera alternativa. "Me enferma pensar en ello. Si esa información hubiera estado fácilmente disponible, hoy tendría un niño de diez años", señaló.
 
3.     Los padres no le apoyaron.
"Vengo de una familia muy, muy tradicional. Me sentía tan sola, asustada. Sabía que mis padres me echarían de la casa y mi pareja huyó", recordó una mujer.
 
4.     Una enseñanza amenazante para imponer la castidad y la abstinencia contribuyó a exacerbar los sentimientos de vergüenza, la percepción de falta de opciones y el miedo.
Uno de los varones encuestados relató la experiencia de su hermana, recordando que como su madre transmitía firmes enseñanzas en contra del sexo prematrimonial, esto sólo inflamó su sentido de aislamiento y vergüenza cuando se enteró de que estaba embarazada. "Creo que necesitamos un cambio cultural en la forma en que hablamos sobre el sexo y el embarazo para que las mujeres en esta situación no se sientan excluidas y avergonzadas tratando de resolverlo sin que nadie lo sepa", escribió.
 
5.     Las circunstancias eran adversas, y ella sentía que no tenía otra opción.
"Todo apuntaba a elegir el aborto a causa de la pobreza; estaba soltera, en la escuela secundaria, no podría darle al niño una buena vida, era demasiado difícil, me rechazarían, no tendría ayuda, viviría del gobierno para siempre, nadie volvería a quererme", eran los miedos que condicionaron el aborto de muchas adolescentes y jóvenes.
 
Heridas a largo plazo
 

La encuesta también preguntó a las mujeres sobre el impacto a largo plazo que el aborto ha dejado en sus vidas. Muchas relataron los continuos problemas de salud física y mental con los que han quedado, incluyendo daños en el útero, ataques de pánico, depresión y dolor reiterado por la pérdida de sus hijos.

"Todavía pienso en mi hijo cada junio cuando él/ella habría nacido. Debería buscar ayuda. Sólo rezo para lograr sanar", escribió una mujer que todavía está deprimida.

Mientras el dolor era aún intenso para muchas personas, otras hablaron sobre el apoyo que han recibido de sus esposos, familia, sacerdotes, y del ejemplo de figuras católicas como Dorothy Day. "Me siento sanada espiritual y físicamente", escribió una mujer en respuesta a la encuesta.

"Orar, la confesión y la unión a la Iglesia me ayudaron mucho. Lo que aún duele es que extraño a mi hijo. ¡Pero ahora tengo aún más motivación para luchar por el cielo para poder conocer a mi hijo!", dijo otra de las encuestadas.

 

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